domingo, 21 de septiembre de 2014

Septiembre día 4: dejarse llevar.

Levantar el pie del acelerador y observar cómo se acercan.

... y no pensar en el fin del verano, en la falta de oportunidades, en la distancia...
... y sí pensar en que no tiene porqué ir mal, en que el fin de semana que viene podemos volver a la playa, en que llegarán las oportunidades con el esfuerzo y la constancia ...

Y si no, dejarse llevar por el viento. Como ellos hacen.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Septiembre día 3: piel con piel

Y un día después, ahí siguen los dos. Sentados, en silencio, mirándose a los ojos...
Porque ninguno quiere romper la magia del momento...
Porque ninguno quiere que ese momento pase...
Porque ¿levantarse significa no volver a encontrarse jamás?...

Porque algún día contarán a sus nietos lo fantástica que fue y lo que significó esa última noche de feria de 2014...


sábado, 13 de septiembre de 2014

Septiembre día 2: la más alta.

Puntual a su cita, no recordaba ninguna Feria sin ella. 
Montarse y elevarse era acceder a un maravilloso mundo completamente diferente: la Feria vista como si fuese un pájaro.
Se sentía orgulloso de poder disfrutar de ese privilegio.
Pero mañana empezaban sus 355 días de ausencia. Mucho tiempo, demasiado tiempo. 
Algunos de los que la contemplaron este año quizá no volverían a verla nunca más. 
Así que se paró frente a la noria por última vez este año, se tocó los 3 euros del bolsillo y fue hacia ella a pesar de la lluvia.

Y decidió saborear ese momento. 


viernes, 5 de septiembre de 2014

Septiembre día 1: el color de mi vida

Extendió sobre la mesa su colección de pintauñas. Tenía fijación por el color, le gustaba llevarlas pintadas aunque cortas.
Y en ese preciso momento se dio cuenta de que el color del verano había desaparecido.

El Radiant Orchid que Pantone había declarado color 2014 no estaba.

Cerró los ojos aguantándose un grito y suspiró.

Fue decidida hacia la terraza con el objeto de comprobar quién había sido, quién había metido las narices en su caja de pintauñas sin su permiso. 

Y allí estaba. Mirando a la inmensidad del mar. 

Y se la comió a besos.


jueves, 28 de agosto de 2014

Agosto día 9: el gato de la puerta de al lado.

Es un cuarto sin ascensor. A 50 metros de la playa. Subimos y bajamos andando unas 8 veces al día. Ellos siempre nos reciben.
Negro y Mancha.

Negro mete su cabeza entre los barrotes a ver quien sube por la escalera, mueve la cola y viene a que lo acariciemos. Como buen perro. 
Mancha asoma tras los escalones. No se acerca. Mira desconfiadamente. Como buen gato. 

Pero hoy Negro se ha quedado atrás, receloso. Y Mancha ha sido el que ha salido de entre los escalones. Y ha venido maullando. Restregándose. Y sí, en ese momento nos ha dejado q le pongamos la mano encima. 

Yo creo que ha sido el olor a tartar de atún del Chef. 
Este gato, que es un listo...



sábado, 23 de agosto de 2014

Agosto día 8: al fin, el mar...

Sucumbimos e hicimos una escapada al mar.
Así, a lo grande.

Nada de playa. Al mar.
Porque la playa nos agobió nada más verla, sin huecos, llena de gente, sombrillas, cubos, palas, mesas, sillas, sillones, toallas, lanchas de goma, piscinitas para bebés, cremas, aceites, sombreros, gorras,...ni un metro de separación entre ellos...el horror.

Y nos preguntamos porqué esa gente se conforma con esas vacaciones, porqué no buscan playas más despejadas, más relajantes, playas en donde a las 8 de la mañana no esté ya la primera línea ocupada con sombrillas multicolor.

Extraña manera tenemos los humanos, algunos humanos, de entender las vacaciones...

Y sí, la semana que viene más playa.
Buscaremos las nudistas.

¡Porque esas sí que están despejadas!

martes, 19 de agosto de 2014

Agosto día 7: barcos

Tengo un vecino que se pasa las soporíferas tardes de verano, cuando el sol más aprieta directo a su ventana, haciendo barcos. En miniatura.

Él está entretenido. A sus nietos les apasiona y a sus hijos les encanta porque tiene a los niños entretenidos. Cuando eran pequeños compartían afición con el padre, pero después de 10 barcos para cada uno, bien expuestos con sus 10 vitrinas, ¿quién quiere más?

Mi vecino, incluso, los ha regalado en alguna boda. Que sí, q es una obra maestra del arte de la paciencia, un templa-nervios, pero que digo yo que unos recién casados para qué quieren La Pinta en la entrada de su casa. O en el salón.

Y claro, tanto "oh, qué bonito" también ha tenido su recompensa. Y ha llegado este verano. Un precioso barco azul y rojo, con ancla y velas, y proa y popa...

Es mi barco, el único que tendré yo que soy de secano y la humedad del mar me agobia mucho en esta época.

¿A qué es precioso?